
Cuando se confirma una duda parece que, de repente, se solidifica hasta el último átomo de oxígeno que vaga por tu organismo. El tiempo se para, pero sólo para ti. El mundo y la vida continúan con su frenético devenir aunque tú no puedas seguirles el ritmo. Pesan hasta las ganas. Y, por desgracia, las fuerzas hoy no acompañan. Así que, irremediablemente, te vas cayendo despacito hasta que tu cuerpo por fin toca el suelo. Y una vez que estás abajo ya da igual todo. De nada sirve pensar en lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Lo único que queda es aprovechar ese momento de tregua para coger aire. Respirar. Respirar. Respirar. Y luego, deshacerse del peso innecesario. El aire que hace 2 minutos entró en tus pulmones se convirtió en agua con el impacto de la caída. Y, ahora, te falta el aire y te sobran lágrimas... Aprende de las caídas, porque a estas alturas ya deberías saber que la vida ha escogido para ti un camino tortuoso. Piensa que cada caída del que consigues levantarte te hace más fuerte que el que no ha caído. Y tú eres de los que siempre se levanta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario